Isolina Carrillo fue una de las compositoras más importantes de la música cubana del siglo XX, además de pianista, cantante, arreglista, directora de orquesta, profesora y multiinstrumentista. Su legado quedó inmortalizado gracias al bolero Dos gardenias, una de las canciones cubanas de mayor proyección internacional y uno de los grandes clásicos del repertorio latinoamericano. Sin embargo, su trayectoria fue mucho más amplia; durante más de siete décadas desarrolló una intensa carrera artística que la convirtió en una figura imprescindible de la radio, la composición y la música popular cubana, abriendo además espacios para las mujeres en un medio dominado casi exclusivamente por hombres.
Nació en el seno de una familia profundamente vinculada a la música. Su padre, Crispín Carrillo, dominaba instrumentos como el tres, el laúd, la guitarra y la percusión, convirtiéndose en su primer maestro y despertando en ella una temprana vocación artística. También sus hermanos eran músicos, por lo que creció en un ambiente donde la práctica musical formaba parte de la vida cotidiana. Posteriormente cursó estudios en el Conservatorio Municipal de La Habana, donde recibió una sólida formación académica bajo la guía de destacados maestros como Graciano Gómez, Juan Elósegui, Piedad de Armas y Joaquín Nin.
Su talento comenzó a manifestarse desde muy joven. En 1917 inició su actividad profesional como pianista suplente de la Orquesta de Calixto Allende, encargada de acompañar las proyecciones del cine silente en el teatro Strand de La Habana. Más tarde desempeñó la misma función en los cines Hesperia y Favorito, una experiencia que fortaleció su capacidad de improvisación y su versatilidad como intérprete.

A lo largo de las décadas siguientes integró numerosas agrupaciones de prestigio. Fundó el septeto Las Trovadoras del Cayo, donde además de dirigir la formación tocaba la trompeta, una circunstancia poco habitual para una mujer en aquellos años. También formó parte de un trío junto al guitarrista Vicente González Rubiera (Guyún) y el cantante Marcelino Guerra (Rapindey). Integró el Quinteto Siboney junto a Joseíto Núñez, Alfredito León, Facundo Rivero y Rapindey, además del Conjunto Tropicuba y el Trío Sepia. Paralelamente desarrolló una intensa actividad como cantante e instrumentista, interpretando boleros, guarachas, tangos y obras del repertorio clásico cubano, llegando incluso a cantar ocasionalmente en inglés.
Su dominio musical resultaba extraordinario. Además del piano, ejecutaba guitarra, tres, trompeta, bongó, bajo, batería y órgano, instrumento que estudió con Rafael Palau en la Catedral de La Habana, mientras que la trompeta la perfeccionó bajo la dirección de Lázaro Herrera. Esa amplitud de conocimientos le permitió desenvolverse con naturalidad tanto en la música popular cubana como en la académica y consolidarse también como profesora de piano, canto y teoría musical.
La radio constituyó uno de los escenarios fundamentales de su carrera. En 1938 comenzó a trabajar en CMQ Radio y posteriormente pasó a la RHC Cadena Azul, propiedad de Amado Trinidad Velazco, donde permaneció hasta 1952. Allí desempeñó múltiples responsabilidades como pianista repertorista, acompañante de programas en vivo, directora de una gran orquesta de danzones y compositora de música comercial. En esta etapa se convirtió en la primera autora de un jingle publicitario realizado en Cuba, compuesto para el jabón Camay, además de ser una de las artistas mejor remuneradas de la radiodifusión nacional. También colaboró con otras emisoras como La Voz de Oro y la Cuban Telephone Company.
Su prestigio como compositora trascendió las fronteras cubanas. El reconocido director de orquesta André Kostelanetz le solicitó una obra especialmente escrita para su agrupación, petición de la que nació Miedo de ti, muestra del reconocimiento internacional que ya había alcanzado su talento.
Fue precisamente durante la década de 1940 cuando Isolina Carrillo vivió el momento más brillante de su carrera creativa. Compuso boleros, sones, guarachas y otras obras donde confluyeron su sólida formación académica y un profundo conocimiento de la música popular cubana. Su escritura armónica, refinada y expresiva, presenta afinidades con la sensibilidad del movimiento del filin, compartiendo rasgos estilísticos con compositores como César Portillo de la Luz.
La consagración definitiva llegó con Dos gardenias, bolero que muy pronto se convirtió en una de las canciones más emblemáticas del cancionero cubano. La obra fue distinguida en México con el Premio Ariel en 1952, al mantenerse durante dos años consecutivos entre las canciones preferidas por el público. Desde entonces ha sido interpretada por centenares de artistas de diferentes generaciones y nacionalidades, entre ellos Daniel Santos, Antonio Machín, Pedro Vargas, Ángel Canales, Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo, Diego El Cigala, Lucrecia, además de haber sido traducida a varios idiomas. Décadas más tarde la canción volvió a alcanzar enorme popularidad internacional gracias a la interpretación de Omara Portuondo dentro del proyecto Buena Vista Social Club.
La carrera de Isolina Carrillo estuvo marcada también por su capacidad para abrir caminos a otras mujeres dentro de la música cubana. En una época donde la dirección orquestal, la composición y los arreglos musicales eran espacios reservados casi exclusivamente para hombres, dirigió su propia orquesta y desarrolló una importante labor como arreglista para diversas producciones discográficas, incluida la EGREM. Su ejemplo contribuyó a demostrar que el talento femenino podía ocupar posiciones de liderazgo dentro de la industria musical cubana.
Al mismo tiempo, debió enfrentarse a los prejuicios raciales que persistían en la sociedad cubana de la primera mitad del siglo XX. A pesar de esos obstáculos, logró construir una carrera de enorme prestigio, convirtiéndose en una de las artistas más reconocidas y mejor remuneradas de su tiempo, realidad que evidencia el alcance excepcional de su talento y la estima que despertó entre colegas, empresarios y público.
Su labor docente fue igualmente significativa. Durante muchos años impartió clases de piano, canto y teoría musical, formando nuevas generaciones de intérpretes. En la actualidad, sus composiciones continúan siendo objeto de estudio en conservatorios y escuelas de música de Cuba y otros países latinoamericanos como ejemplo de la evolución del bolero, la armonía de la música cubana y la aportación de la mujer a la creación musical.
Isolina Carrillo falleció en La Habana a los 88 años de edad, manteniéndose activa prácticamente hasta el final de su vida. Su legado trasciende el éxito universal de Dos gardenias y se sostiene sobre una obra extensa, refinada y profundamente cubana, fruto de una creadora que supo combinar el rigor académico con la sensibilidad popular. Hoy es reconocida como una de las grandes compositoras de la historia de la música cubana y una figura imprescindible para comprender la evolución del bolero y el papel de la mujer dentro de la cultura musical de la isla.
Obras
- Dos gardenias.
- Acuarela tropical.
- Canción sin amor.
- Castillo de ensueño.
- Como yo jamás.
- Cuando me faltas tú.
- Cuando menos lo pienses.
- Fiesta de besos.
- Increíble.
- Ironía.
- Lejos de ti.
- Mi lamento.
- Mi paraíso.
- No creo en ti.
- Miedo de ti.
- Parte de mi vida.
- Qué mal te portas.
- Rumor de vida.
- Sé que lo sabes.
- Sed de ti.
- Sombra que besa, texto de Rosendo Ruiz Quevedo.
- Soy tu destino.
- Te lo advertí.
- Viviré para quererte.
Familiares músicos
- Crispín Carrillo, tresero, laudista, guitarrista, percusionista.
- Guillermo Arronte, cantante.



