La historia de la actual Orquesta Sinfónica de Oriente, una de las instituciones culturales más emblemáticas de Santiago de Cuba, está profundamente ligada a la tradición concertista que floreció en la ciudad mucho antes de 1959. Su existencia no puede comprenderse sin remontarse a aquella primera gran experiencia sinfónica santiaguera que marcó la vida cultural del oriente cubano durante las décadas de 1940 y 1950.
El origen de esta tradición se encuentra en la labor del maestro Antonio Serret Danger, violinista, pedagogo y promotor incansable de la música académica en la región oriental de Cuba. Serret fue el fundador y primer director de la Orquesta Filarmónica de Santiago de Cuba, creada oficialmente el 27 de enero de 1940 y sustentada por la Sociedad Filarmónica de Santiago de Cuba. Aquella agrupación, integrada inicialmente por unos 46 músicos (muchos de ellos egresados del Conservatorio Provincial de Oriente, donde Serret ejercía como subdirector), logró consolidarse rápidamente como una de las más prestigiosas instituciones musicales del país.

Durante más de dos décadas, la Filarmónica santiaguera desarrolló una intensa actividad artística. Sus conciertos, veladas y homenajes culturales formaron parte esencial de la vida intelectual de la ciudad. Las interpretaciones de música sacra en la iglesia de San Francisco de Asís durante la Semana Santa y las festividades de Santa Cecilia quedaron grabadas en la memoria cultural santiaguera como momentos de gran solemnidad y refinamiento artístico. La orquesta alcanzó notable reconocimiento por la calidad de sus ejecuciones y por la disciplina musical de sus integrantes, convirtiéndose en símbolo de prestigio para la sociedad oriental cubana.
Los años posteriores a 1959 transformaron radicalmente el panorama cultural del país. La antigua Filarmónica de Santiago de Cuba desapareció en 1961, poniendo fin a una etapa histórica de enorme relevancia para la música de concierto en el oriente cubano. Durante 3 años la ciudad quedó sin una agrupación sinfónica estable, hasta que el 1 de marzo de 1962, impulsada por iniciativas del entonces Consejo Nacional de Cultura, nació la Orquesta de Conciertos de Oriente, considerada el antecedente directo de la actual Orquesta Sinfónica de Oriente.

La nueva agrupación fue concebida con una misión cultural claramente definida, llevar la música sinfónica al pueblo y extender el conocimiento del repertorio universal y cubano a toda la región oriental del país. Los músicos fundadores fueron seleccionados mediante audiciones realizadas entre instrumentistas de las antiguas provincias orientales. Al frente de esta nueva etapa estuvo el maestro Vicente Bartutis Coello, reconocido como director refundador de la Orquesta Sinfónica de Oriente.
Desde entonces, la Orquesta inició un largo recorrido artístico marcado por el esfuerzo, la permanencia y la defensa de la música clásica en la región. Con el paso de los años, la agrupación fue creciendo hasta consolidarse como la institución musical insignia de Santiago de Cuba. Hoy cuenta con más de 60 músicos profesionales y una trayectoria que supera las seis décadas de trabajo ininterrumpido.
A lo largo de su historia, la orquesta ha ofrecido miles de conciertos dentro y fuera de la provincia, presentándose tanto en las principales salas de concierto del país como en escuelas, fábricas, centros culturales y comunidades. Esa vocación de acercar la música sinfónica a todos los públicos ha sido uno de los rasgos distintivos de su identidad artística.
Su repertorio abarca desde el barroco hasta la música contemporánea, con especial atención a compositores cubanos y latinoamericanos. La agrupación ha participado en importantes festivales nacionales e internacionales, entre ellos el Festival Internacional de Ballet, el Festival Internacional de Música Contemporánea, el Festival Internacional de Arte Lírico y el Festival Internacional del Caribe. También ha acompañado temporadas de ópera y zarzuela, además de realizar grabaciones discográficas junto a los Estudios Siboney de la EGREM.

Uno de los aspectos más admirados de la Orquesta Sinfónica de Oriente ha sido su capacidad para integrar el lenguaje académico de la música clásica con los ritmos populares cubanos. Entre esas experiencias destaca especialmente la interpretación del tema Carnaval, una pieza que logró unir la sonoridad sinfónica con la fuerza rítmica y festiva de la música cubana, alcanzando gran popularidad entre el público de la isla. Esta obra, incluida en la serie discográfica Popularmente sinfónico vol. 1 de Producciones Colibrí, evidenció la versatilidad artística de la orquesta y su capacidad para acercar el sonido sinfónico a sectores más amplios de la población, sin perder rigor musical ni identidad cultural. Carnaval se convirtió así en una muestra de cómo la Sinfónica de Oriente ha sabido dialogar con las raíces musicales cubanas, incorporando elementos de la tradición popular dentro del formato orquestal clásico.
Grandes figuras de la música cubana e internacional han compartido escenario con la Sinfónica de Oriente. Directores y solistas como Guido López Gavilán, Frank Fernández, Leo Brouwer, Omara Portuondo, Evelio Tieles y Jorge Luis Prats, entre muchos otros, dejaron su huella en la historia artística de la agrupación.
Uno de los momentos más trascendentales en la vida de la orquesta ocurrió el 3 de enero de 1989, cuando inauguró oficialmente la Sala de Conciertos Dolores, antigua iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, convertida desde entonces en uno de los espacios acústicos más importantes de Cuba para la música de concierto. Bajo la dirección de Frank Fernández, aquella gala inaugural incluyó obras de Ludwig van Beethoven y piezas emblemáticas de la música cubana como La Bayamesa. La interpretación final de la Fantasía Coral Opus 80 de Beethoven simbolizó la unión entre tradición universal y sensibilidad nacional que siempre ha caracterizado a la Sinfónica de Oriente.

Sin embargo, la historia reciente de la orquesta también ha estado marcada por dificultades materiales y por el deterioro del patrimonio arquitectónico santiaguero. La Sala Dolores, joya colonial construida sobre antiguas estructuras religiosas del siglo XVII y XVIII, sufrió graves afectaciones estructurales que obligaron a suspender sus actividades regulares a finales de 2021. La orquesta tuvo que trasladar parte de sus conciertos a espacios públicos como el Parque Céspedes, en un esfuerzo admirable por mantener viva su programación artística pese a las limitaciones.
En los últimos años La Dolores fue sometida a un complejo proceso de restauración y recuperación estructural debido al deterioro acumulado del inmueble, considerado una de las salas de mejor acústica de Cuba y uno de los espacios patrimoniales más importantes de Santiago de Cuba. Pese a las dificultades, la Sinfónica mantiene viva su programación artística y continúa vinculada a este emblemático recinto cultural preservando una tradición musical que forma parte esencial de la identidad cultural cubana.
Su legado no solo vive en las generaciones de músicos que la integraron, sino también en los jóvenes instrumentistas que hoy continúan defendiendo la música sinfónica desde Santiago de Cuba. El Museo de la Música de la ciudad conserva programas, documentos y testimonios que permiten reconstruir la memoria de esta institución, cuyo camino ha sido largo, complejo y profundamente valioso para la historia cultural de Cuba. Más que una simple agrupación musical, la Orquesta Sinfónica de Oriente representa la persistencia de una vocación artística nacida en la primera mitad del siglo XX y mantenida viva gracias al empeño de generaciones enteras de músicos, directores y amantes de la música de concierto en el oriente cubano.
Directores
- Antonio Serret Danger.
- Vicente Bartutis Coello, fundador.
- Miguel García Oliva / 1962.
- Santiago Fals Castillo / 1966 – 1977.
- Anarelys Garriga Sosa / 1988 – 1997
- Guillermo Villarreal.
- Miguel del Castillo Clave.
- Mónica Alvarado Calderón / 2001 – 2002.
- Gonzalo Romeu de la Cuesta / 2009.
- Cosette Justo Valdés / 2010 – 2017.
- Marco Tulio Niño Wong.
- Daniel Guzmán Loyzaga.
- Enrique Castro.
- Manuel Dúchesne Cuzán.
- Yasvesti González González
Instrumentistas
- Directora general musical: Yasvesti González González.
- Violines: Daniel López Martínez, Eduardo Rafael Pérez Puente, Marco Tulio Niño Wong, Yasvesti González González, Katiuska Silva Elis, Claudia Kundú Zayas, Daniel Guzmán Romero, Linet Sánchez del Campo Estrada, Paula María Serrano Ochoa, Gabriela González Rojas, Cecilia Dayana Rosales Prieto, Jana Marieta Perdigón Milá, Claudia Pantoja Leyva, Annia C. Coello Mendoza, Camila Beatriz Escalona González, Claudia Arias Noa.
- Violas: Conrado Monier Figueroa, Marcos Manuel Gómez Galano, Daynés Salina Pérez, Lesbia Torres Mora, Liseth Janine Díaz Pérez, Ignacio Mora Clavel.
- Violoncellos: Armanda Villariño Bravo, Jimmy Delgado López, Sarvelio Crespo Vara, Yaquelín Estacio Varona.
- Contrabajos: Rolando Máximo Viña Perdigón.
- Piano: Karina Calvet Pérez.
- Flautas: Enrique Navarro Acosta, Lisbeh Téllez Guerra.
- Oboes: Berlis David Aguilar Velázquez, Maribel Hechavarría Rodríguez.
- Clarinetes: Juan Jorge Junco, Jorge Rivero, Michael Bernard Elverman, María del Rosario Gola Romero.
- Cornos: José Ángel Guerra James, Rachel Driggs Goderich, Leydis Tamayo Sosa, Yoandris Sánchez Alexander.
- Fagotes: Rafael Durán Herrera, Carlos Humberto Robert Prieto, Dalila Álvarez Fernández.
- Trompas: Ivaniuska Ramírez Hernández, Yanelis Rondón López, Yoandris Sánchez Alexánder, Rachel Driggs Goderich.
- Trompetas: Raynol Rodríguez Versagui, Bernardo Adrián Chauvín Bombalé, Fran Ernesto González Góngora, Fernando Godínez Cruz, José Ángel Guerra James, Raúl Díaz Reyes, Raoni Sánchez Rosaens.
- Trombones: Rodolfo Ochoa Garrido, Norelvis Reñe Despaigne, Laritza Blanco Torres.
- Tuba: Meynardo Rodríguez Rojas.
- Percusión: José Leonel Leyva Bejarano, Carlos Rafael López Bauste, Leonel Jesús Mendoza Acosta, Rodolfo Vistel Jiménez.
- Timpani: Alfonso Borges Vall-Llosera.
- Utileros: Ibo Mera Vázquez, Eliécer Pozo Maletá, David Sánchez.



