Como ocurre con muchos de los grandes protagonistas del carnaval santiaguero, la trayectoria de Walfrido Valerino Giro, conocido popularmente como Macho, está profundamente ligada a la historia viva de las congas de Santiago de Cuba. Nacido en 1944, pertenece a una generación de artistas populares que aprendieron el oficio directamente en las calles, en los barrios y en el contacto cotidiano con las tradiciones que han dado forma a una de las expresiones culturales más emblemáticas del oriente cubano.
Su vínculo con la música comenzó formalmente en 1963, cuando ingresó como tamborero en la Conga San Agustín. Allí compartió experiencias con figuras legendarias como Miguel Vitué, a quien recuerda por la originalidad de sus arreglos y por su extraordinaria capacidad de improvisación sobre la tambora, ejecutada incluso con las manos desnudas. Aquellos años marcaron el inicio de una carrera artística que, más de seis décadas después, continúa activa y creativa.
A lo largo de su extensa trayectoria, Walfrido Valerino ha desarrollado múltiples facetas dentro de la cultura popular cubana. Ha sido bailarín, coreógrafo, cantante, percusionista, arreglista, pedagogo e intérprete de corneta china, instrumento indispensable para comprender la identidad sonora de las congas santiagueras. Su capacidad para dominar diversas disciplinas artísticas lo convirtió en una figura de referencia dentro del movimiento folclórico de la región oriental.

Durante la década de 1970 se incorporó al Conjunto Folclórico de Oriente y participó en la fundación del Grupo Folclórico Guillermón Moncada, integrado en gran medida por trabajadores del puerto de Santiago de Cuba. La agrupación, conocida también como Grupo Folclórico del Puerto, alcanzó reconocimiento por su labor de preservación y difusión de las tradiciones musicales y danzarias de la región. Valerino dirigió el conjunto durante muchos años, consolidándolo como una importante cantera de artistas y defensores del patrimonio cultural santiaguero.
Fue precisamente durante su labor al frente de este grupo cuando asumió uno de los retos más importantes de su carrera. Ante la imposibilidad de Neno Betancourt (cornetero memorable de Santiago de Cuba) de ocupar el puesto debido a compromisos de agenda, Walfrido tomó la responsabilidad de interpretar la corneta china. Lo que comenzó como una necesidad circunstancial terminó convirtiéndose en una de sus mayores especialidades artísticas. Con rapidez desarrolló una técnica sobresaliente que lo llevó a ser considerado uno de los ejecutantes más destacados de este instrumento.
La corneta china ocupa un lugar singular dentro de la música popular cubana. Introducida en Santiago de Cuba por inmigrantes chinos durante el siglo XIX, su sonido agudo y penetrante se transformó con el tiempo en el elemento melódico que guía el desplazamiento de las congas durante el carnaval de Santiago. Mientras las agrupaciones recorren las calles de la ciudad, la corneta interpreta melodías inspiradas tanto en composiciones tradicionales como en canciones populares contemporáneas, animando el trayecto y estableciendo el diálogo musical con la percusión. A pesar de las transformaciones ocurridas en las festividades carnavalescas a lo largo de los años, este instrumento mantiene hasta la actualidad un papel protagónico e irremplazable.
Desde la década de 1980, la imagen de Walfrido Valerino recorriendo las calles de Santiago de Cuba a caballo mientras interpreta la corneta china se convirtió en una de las estampas más reconocibles del carnaval santiaguero. Durante esos años también grabó la tradicional Diana Mambisa para la televisión local, contribuyendo a la difusión de una de las expresiones musicales más representativas de la ciudad.
Su actividad artística se extendió además a agrupaciones de gran prestigio dentro de la cultura cubana, entre ellas la Conga San Pedrito, Los Tambores de Enrique Bonne y el Conjunto Folclórico Kutumba, con las cuales desarrolló presentaciones nacionales e internacionales. Su participación en estos proyectos le permitió llevar las tradiciones musicales santiagueras a escenarios de diferentes países y fortalecer el reconocimiento de la cultura popular cubana más allá de sus fronteras.
Paralelamente a su labor como intérprete, ha desempeñado un papel fundamental como formador de artistas. A lo largo de décadas ha contribuido a la preparación de incontables cantantes, percusionistas y bailarines que posteriormente se integraron a agrupaciones folclóricas y carnavalescas de todo el país. Su influencia pedagógica ha trascendido los escenarios para convertirse en parte esencial de la transmisión intergeneracional de conocimientos y prácticas culturales.
Con más de 65 años de vida artística, Walfrido Valerino Giro continúa siendo una presencia activa dentro de las congas santiagueras. Su historia resume la evolución de una tradición que ha sobrevivido gracias al compromiso de hombres y mujeres que han dedicado su vida a preservar el patrimonio musical de su comunidad. Considerado por muchos como una leyenda viva del carnaval de Santiago de Cuba, su legado permanece ligado al sonido inconfundible de la corneta china, a la fuerza de la percusión conguera y a la memoria colectiva de una de las celebraciones populares más importantes de Cuba.



